miércoles, 18 de febrero de 2026
martes, 24 de septiembre de 2013
TRICERATOPS
Significa rostro con tres cuernos. Este dinosaurio pertenecía a un grupo de dinosaurios conocido como los ceratópsidos. Su nombre se debe a sus dos cuernos de encima de los ojos de 1 metro de largo y su cuerno de encima del hocico que medía unos 20 centímetros de largo. Medía 9 metros, de ellos casi un tercio correspondían al cráneo, y 3 metros de altura. Pesaba como 5 rinocerontes, lo equivalente a 10 toneladas. Él y todos los ceratópsidos tenían la prolongación ósea desde la base del cráneo hacia atrás, a modo de capucha, y un hocico en forma de pico estrecho y ganchudo. Muchos eran , y todos se alimentaban de plantas. La capucha que protegía su cuello y las paletillas podía resistir los demoledores golpes de otros dinosaurios.
El cráneo es un rasgo más destacado y nos puede contar muchas cosas acerca de su modo de vida. Los maxilares estaban hechos para arrancar a mordiscos materiales vegetales muy recios y fibrosos, que luego iba picando con sus dientes afilados como tijeras. Utilizaba su estrecho y ganchudo pico para tronchar las plantas que luego iba picando con sus dientes afilados como tijeras. Utilizaba su estrecho y ganchudo pico para tronchar las plantas que luego iba picando con sus dientes afilados como tijeras, que si se le desgastaban quizá podían volverle a crecer. Unos fuertes músculos que se extendían hasta la capucha daban vigor a los maxilares. La capucha servía, probablemente de lugar de fijación de los músculos maxilares, y a la vez protegía el cuello. Utilizaba sus agudos cuernos sobre todo para defenderse de los tiranosáuridos, pero también los machos entre ellos para disputarse a las hembras de su especie, antes de la época de apareamiento.
Probablemente, los machos combatían entre sí para decidir quién sería el jefe de la manada, además de disputarse las hembras. No usaban los cuernos para herir, sino que los dos machos se empujaban y forcejeaban, con los cuernos trabados, echando un pulso, para demostrar cuál era el más fuerte, como hacen hoy día los antílopes, ciervos y carneros. La capucha del cuello protegía el tronco de su rival. Los paleontólogos han encontrado algunas capuchas con fracturas, lo que demuestran que los combates alcanzaban notable violencia. Se ha descubierto en Norteamérica, y no se han encontrado fósiles en ningún otro continente.
Vivió hace 70 a 65 millones de años, justo al final de la Era de los Dinosaurios, en el Cretácico superior.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
ALLOSAURO
Sus características físicas son:
Longitud: Casi 9 metros de largo.
Altura: Unos 4 metros.
Peso: 2700 kg.
lunes, 9 de septiembre de 2013
DINOSAURIOS GRANDES CAZADORES
Los dinosaurios
atacaban de distintas maneras según su tamaño. Los cazadores pequeños
confiaban en la velocidad y en sus afilados dientes para atrapar y matar a su
presa. Los carnívoros mayores utilizaban la fuerza bruta y garras afiladas.
Algunos, incluso, acosaban a sus víctimas en manadas.
Los herrerasaurios
fueron unos de los primeros cazadores capaces de perseguir y matar a una pieza
de caza mayor. También son unos de los dinosaurios más primitivos que se han
descubierto hasta ahora. La mayoría altos como un hombre y armados con
afilados dientes puntiagudos, tuvieron que ser unos enemigos
extraordinariamente pavorosos. Tenían largas y ágiles patas traseras y
podían perseguir a su presa y alcanzarla.
Los pequeños
cazadores, significa celurosaurios dependían de la velocidad para
matar a una presa. El más veloz fue, probablemente, el Ornithomimus,
que se alimentaba de lagartos e insectos. Podía perseguir a sus presas a la
asombrosa velocidad de 80 kilómetros por hora, superior a la de un caballo o
un galgo, los dos de carreras. Era presa de los grandes cazadores, y sólo su
velocidad le permitía dejarlos atrás. Los compsognátidos, cuyo único
representante era el Compsognathus, también eran dinosaurios de
movimientos rápidos que atacaban a sus presas a gran velocidad.
Los dientes son algunas
de las mejores pistas para saber cómo ataca un animal. Los grandes felinos
actuales matan clavando profundamente sus cuatro colmillos o caninos en la
carne su presa. Pero los dinosaurios no tenían colmillos, excepto los
herbívoros heterodontosáuridos. Los pequeños cazadores celofísidos
asestaban unos de los mordiscos más letales. Sus dientes como puñales
estaban adaptados para cortas la carne, no para clavarse en ella. Algunos
reptiles modernos muerden de una manera similar. Los varanos de Komodo tienen
dientes cortantes con los que pueden matar a una vaca e incluso a una persona.
No todos los
dinosaurios carnívoros eran cazadores. Los ovirraptorosaurios, que significa
reptiles ladrones de huevos, necesitaban otras armas para conseguir su comida.
En lugar de hileras de afilados dientes para desgarrar la carne, algunos no
tenían dientes y otros tenían dos púas en el paladar. Con las púas o el
duro pico, rompían los huevos que robaban a otros dinosaurios.
Entre los
tiranosáuridos, el Tyrannosaurus rex era el gigante de los dinosaurios
carnívoros. Aunque demasiado corpulento para emprender persecuciones a
grandes distancias, no solía tener dificultades para procurarse el alimento.
Si encontraba a otro cazador que acababa de derribar a un animal, lo
ahuyentaba y devoraba la presa. Los grandes cazadores actuales, como los
leones, utilizan las mismas tácticas para obtener comida sin esfuerzo. Es
posible que tuviera un arma secreta. Algunos expertos creen que este
gigantesco cazador quizá matara a sus presas infectándolas. Consideran
posible que entre los dientes conservara jirones de carne podrida, que
infectarían las heridas causaba al morder a sus víctimas. La infección se
extendía con rapidez y la presa no tarda en morir.
El Tyrannosaurus rex
y sus parientes cercanos eran unos mortíferos cazadores. Utilizando sus
habilidades como rastreadores, se acercaban a su presa sin ser descubiertos y
se lanzaban sobre ella a la carrera, desde poca distancia. Estos poderosos
carnívoros embestían a su víctima con sus temibles fauces abiertas de par
en par. El impacto de una carga era colosal.
Uno de los cazadores
más eficaces era el Deinonychus y muchos otros dromeosáuridos.
Combinaban la velocidad y la agilidad con unas armas imponentes. La más letal
era la garra del segundo dedo de las patas traseras, que actuaba como cuchillo
en forma de media luna. Sujetaban a su víctima con las musculosas patas
delanteras y la destripaban con una sola coz. Cuando atacaba, podían girar
esta garra asesina 180º hasta encontrar el mejor ángulo de corte. Tal vez
cazaran en manadas. Actuando de forma coordinada, podrían derribar a un
dinosaurio mucho mayor. Hoy, una manada de leones se organiza para capturar
sus presas de una manera muy parecida. Los grandes dinosaurios, quizá
atacaban también en manadas y lograban derribar saurópodos enormes.
Los dinosaurios
herbívoros acorazados tendrían que defender su vida. Un fornido Euoplocephalus,
provisto de porra en la cola, habría sido un enemigo peligroso. Un golpe bien
dirigido de la pesada porra bastaría para derribar a un tiranosaurio. Un
herbívoro con cuernos, como el Triceratops, también podía defenderse
eficazmente. Quizá embestía a su atacante, como los rinocerontes modernos se
defienden de un león. Sus largos cuernos curvos lo convertían en un
adversario temible.
domingo, 8 de septiembre de 2013
LA EXTINCION DE LOS DINOSAURIOS
Durante años, los geólogos habían sugerido que tal vez los dinosaurios
hubieran sido víctimas de choques de meteoritos, reflejos solares o
supernovas (explosiones de estrellas), pero en general los paleontólogos los
consideran especuladores ociosos. Sin embargo, en 1980, Luis Alvarez (un
físico de Berkeley, California, ganador del Premio Nobel) y sus colegas
publicaron un informe original que tuvo gran influencia en el desarrollo de la
teoría catastrofista. Mencionaban niveles elevados de un metal escaso, el
iridio (relacionado con el platino), en una capa delgada de arcilla
correspondiente al límite entre el Cretácico y el Terciario, procedente de
un yacimiento de Gubbio, Italia. Partiendo de esta observación, propusieron
que la Tierra había sufrido el impacto de un asteroide de alrededor de diez
kilómetros de diámetro, y que la fuerza del choque había desprendido nubes
de polvo que se habían elevado hasta las capas superiores de la atmósfera,
oscureciendo el sol, lo que provocó extinciones catastróficas a escala
mundial.
Muchos geólogos se
burlaron al principio de esta noción, porque pensaban que se había urdido en
una teoría de dramatismo innecesario, a partir de pruebas muy limitadas. No
obstante, durante los cuatro años siguientes, se encontró arcilla con un
incremento de iridio en más de cincuenta localidades de todo el mundo, en
sedimentos que se habían depositado bajo el mar, en lagos en ríos. ¿Qué
quería decir todo esto?
El iridio no es un
elemento natural de la corteza terrestre, sino que llega en los meteoritos y
en otros residuos del espacio exterior. Sólo existe naturalmente en el
núcleo de la Tierra, y llega a la corteza y la superficie por medio de cierto
tipo de volcanes muy poco habituales. Por este motivo, Alvarez y su equipo
postularon una fuente extraterrestre para el iridio que habían identificado,
y una fuente muy abundante, capaz de producir los niveles de aumento
detectados en el límite entre el Cretácico y el Terciario. Partiendo de una
sola situación, previeron la existencia de iridio en todos los yacimientos
donde se estudiara el límite entre estas dos eras; su predicción se
confirmó ampliamente durante los años siguientes. Así ganaron a muchos
científicos para su causa.
En la actualidad existe
otra prueba en favor del modelo catastrofista de la extinción que se produjo
en este período. Determinados grupos fósiles, sobre todo el plancton marino,
presentan extinciones repentinas en este límite. También se produjeron
perturbaciones importantes, a corto plazo, en las plantas terrestres. Justo
encima de la "huella de iridio", en numerosos cortes geológicos de
roca aparece una "huella de helechos". Según las interpretaciones,
esto demuestra la desaparición de las plantas angiospermas normales (flores y
árboles), seguida por una difusión inicial de los helechos, y a
continuación la recuperación de las angiospermas, algunos años después.
Esto es exactamente lo que ocurre después de las grandes erupciones
volcánicas, y se dice que la "huella de helechos" entre el
Cretácico y el Terciario demuestra la existencia de un manto global de polvo
estéril, tras el impacto del asteroide, y posteriormente la germinación
gradual de las esporas y las semillas enterradas.
Una prueba más del
impacto consiste en la existencia de esférulas cristalinas
("canicas" diminutas) en relación con las arcillas ricas en iridio.
Se supone que son consecuencia de la fundición de los materiales de impacto.
Un tipo de prueba similar son los granos de "cuarzo golpeado", que
presentan dos o más grupos de líneas paralelas que atraviesan los granos
laminados cuando se los examina al microscopio; en apariencia, estos rasgos de
tensión sólo se pueden producir por impacto.
Los geólogos y los
paleontólogos gradualistas afirman que muchas de estas características
podrían haber sido causadas por erupciones volcánicas a gran escala.
Señalan las capas gruesas de lava de una antigüedad aproximada a la
adecuada, en la región de Decán, en India, como una fuente posible de las
nubes de polvo, iridio, esférulas cristalinas y cuarzo golpeado en todo el
mundo.
El inconveniente
principal del argumento del impacto es que no coincide con los hechos
biológicos, de diversas maneras. En primer lugar, la vida no desapareció de
forma instantánea en todo el mundo, por lo que sabemos. De hecho, la mayoría
de los grupos vegetales y animales atravesaron el límite entre el Cretácico
y el Terciario sin sufrir ningún cambio. En segundo lugar, la mayoría de los
grupos que se extinguieron lo hicieron de forma gradual, a largo plazo.
Los inicios de estas extinciones de ésta época se sitúan hasta treinta millones de años antes, para algunos grupos marinos, aunque sigue habiendo pruebas inequívocas e la decadencia de los dinosaurios. En tercer lugar, los "modelos a muerte" después del impacto no resultan aceptables, desde un punto de vista biológico y no coinciden con las pruebas. Se ha sugerido que el asteroide levantó una vasta nube de polvo que ocultó el Sol; o provocó el calentamiento excesivo de la Tierra cuando ingresó en la atmósfera; o la exposición que produjo el impacto liberó en la atmósfera arsénico u osmio venenosos; o el asteroide aterrizó en el mar y provocó una inmensa marejada (tsunamis) que recorrió el mundo, destruyendo toda la vida que se desarrollaba al nivel de la tierra, con sus frentes de olas de treinta metros. Algunos sedimentos próximos al límite entre el Cretácico y el Terciario presentan, sin duda, las huellas de los tsunamis, pero parece increíble que así hayan desaparecido los dinosaurios y los pterosaurios, y sin embargo hayan sobrevivido los lagartos, las tortugas, los cocodrilos y la mayoría de los mamíferos.
Los inicios de estas extinciones de ésta época se sitúan hasta treinta millones de años antes, para algunos grupos marinos, aunque sigue habiendo pruebas inequívocas e la decadencia de los dinosaurios. En tercer lugar, los "modelos a muerte" después del impacto no resultan aceptables, desde un punto de vista biológico y no coinciden con las pruebas. Se ha sugerido que el asteroide levantó una vasta nube de polvo que ocultó el Sol; o provocó el calentamiento excesivo de la Tierra cuando ingresó en la atmósfera; o la exposición que produjo el impacto liberó en la atmósfera arsénico u osmio venenosos; o el asteroide aterrizó en el mar y provocó una inmensa marejada (tsunamis) que recorrió el mundo, destruyendo toda la vida que se desarrollaba al nivel de la tierra, con sus frentes de olas de treinta metros. Algunos sedimentos próximos al límite entre el Cretácico y el Terciario presentan, sin duda, las huellas de los tsunamis, pero parece increíble que así hayan desaparecido los dinosaurios y los pterosaurios, y sin embargo hayan sobrevivido los lagartos, las tortugas, los cocodrilos y la mayoría de los mamíferos.
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