martes, 24 de septiembre de 2013

TRICERATOPS

TRICERATOPS
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Significa rostro con tres cuernos. Este dinosaurio pertenecía a un grupo de dinosaurios conocido como los ceratópsidos. Su nombre se debe a sus dos cuernos de encima de los ojos de 1 metro de largo y su cuerno de encima del hocico que medía unos 20 centímetros de largo. Medía 9 metros, de ellos casi un tercio correspondían al cráneo, y 3 metros de altura. Pesaba como 5 rinocerontes, lo equivalente a 10 toneladas.
Él y todos los ceratópsidos tenían la prolongación ósea desde la base del cráneo hacia atrás, a modo de capucha, y un hocico en forma de pico estrecho y ganchudo. Muchos eran , y todos se alimentaban de plantas. La capucha que protegía su cuello y las paletillas podía resistir los demoledores golpes de otros dinosaurios. 
 
Nadie sabe a ciencia cierta de qué color eran los dinosaurios, pero algunos científicos creen que su cuello y su capucha tenían vivos colores. Creen que el animal estaba tan bien armado, que no necesitaba disimular su presencia confundiéndose con el terreno, verde o gris. 
 
El colorido de la capucha pudo servirle para atraer a las hembras. Muchos fósiles de este dinosaurio y de otros ceratópsidos han aparecido en un mismo lugar, lo cual sugiere que se desplazaban en manadas, enfrentándose en grupo a algún carnívoro que les amenazase. Según fueron evolucionando los ceratópsidos, los aditamentos de su cabeza se fueron haciendo más pronunciados.

El cráneo es un rasgo más destacado y nos puede contar muchas cosas acerca de su modo de vida. Los maxilares estaban hechos para arrancar a mordiscos materiales vegetales muy recios y fibrosos, que luego iba picando con sus dientes afilados como tijeras. Utilizaba su estrecho y ganchudo pico para tronchar las plantas que luego iba picando con sus dientes afilados como tijeras. Utilizaba su estrecho y ganchudo pico para tronchar las plantas que luego iba picando con sus dientes afilados como tijeras, que si se le desgastaban quizá podían volverle a crecer. Unos fuertes músculos que se extendían hasta la capucha daban vigor a los maxilares. La capucha servía, probablemente de lugar de fijación de los músculos maxilares, y a la vez protegía el cuello. Utilizaba sus agudos cuernos sobre todo para defenderse de los tiranosáuridos, pero también los machos entre ellos para disputarse a las hembras de su especie, antes de la época de apareamiento.

Probablemente, los machos combatían entre sí para decidir quién sería el jefe de la manada, además de disputarse las hembras. No usaban los cuernos para herir, sino que los dos machos se empujaban y forcejeaban, con los cuernos trabados, echando un pulso, para demostrar cuál era el más fuerte, como hacen hoy día los antílopes, ciervos y carneros. La capucha del cuello protegía el tronco de su rival. Los paleontólogos han encontrado algunas capuchas con fracturas, lo que demuestran que los combates alcanzaban notable violencia. Se ha descubierto en Norteamérica, y no se han encontrado fósiles en ningún otro continente.

Vivió hace 70 a 65 millones de años, justo al final de la Era de los Dinosaurios, en el Cretácico superior.
 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

ALLOSAURO

ALLOSAURO
Sus características físicas son:

Longitud: Casi 9 metros de largo.
Altura: Unos 4 metros.
Peso: 2700 kg.
 
 Dinosaurio carnívoro del Jurásico gigantesco. Poseía fuertes garras, su cabeza podía llegar a medir 90 cm. de largo. Poseía enormes dientes curvos, aserrados por ambas caras. Se dice que (como en casi todos los carnosaurios) era un dinosaurio torpe y pesado. El craneo poseía una arista osea por encima de los ojos que lo hacía inconfundible entre sus parientes carnívoros.
 
 Su peso se cree que estaba en torno a 1 y 2 toneladas.
Allosaurus: Significa reptil extraño. Fue uno de los dinosaurios más feroces que asolaron las llanuras millones de años. Era un terópodo, no tan grande como el mayor carnívoro, el Tyrannosaurus rex, pero sí igualmente temible. Era más grande que un elefante y más pesado que un rinoceronte.
 Estaba provisto de unas mandíbulas enormes, poblados de afilados dientes como sierras. Además tenía garras curvas y una musculosa cola para flagelar a cualquier animal lo bastante osado como para atacarle. Tenía un cabeza muy grande, en proporción al cuerpo: medía 90 centímetros desde la punta del hocico hasta la base del cuello. Sus fauces eran lo suficientes grandes como para arrancar la cabeza de un pequeño dinosaurio, de un solo y terrorífico bocado. Su cráneo poseía agujeros en los huesos, lo que lo hacía más ligero que si hubiera sido macizo y, por lo tanto, más fácil de mover. Tenía grandes cuencas oculares y, posiblemente, estaban dotados de una vista muy aguda. Su gran dentadura estaba formada por varias hileras, en total unos 70 dientes, con el filo quebrado en forma de sierra, afilados como cuchillos de trinchar carne y curvados hacia el interior. Usaba los dientes para desgarrar la carne de sus presas, lo que los hacía ideales para morder la carne de sus presas e impedirles escapar. Si perdía algún diente, volvía a crecerle. Mientras trituraba a su víctima con sus poderosas mandíbulas, desgarraba la carne con los dientes. Si perdía una de sus piezas dentales, pronto le salía otra para rellenar el agujero. Los científicos creen que comía a otros dinosaurios, ya que han sido halladas las marcas de sus dientes en los huesos fosilizados de la cola de un Apatosaurus. Su pesada cabeza estaba sostenida por un cuello corto, dotado de potentes músculos. Estos músculos eran lo suficientemente fuertes como para mantener firme la cabeza, cuando corría tras una presa, con las fauces abiertas.
 
 Tenía un cuerpo grande, por lo que necesitaba comer en abundancia para saciar su apetito. Cazaba grandes herbívoros, pero también atrapaba a otros carnívoros más pequeños que vivían con él. Al igual que otros depredadores, era posiblemente un carroñero, como las actuales hienas, que arrancaba pedazos de carne de los cadáveres de las presas cazadas por otros animales. Algunos de los saurópodos más corpulentos eran demasiado grandes para que los atacara con éxito, por lo que quizá formara manadas con este propósito.
 
Varios miembros de la manada atacaban a la vez, clavando sus dientes y garras en los indefensos herbívoros, con lo que el resto de la manada podía despedazarlos. Las manadas no habrían duda en atacar a las crías de estos dinosaurios. Poseía brazos cortos, con extremidades dotadas de poderosas y afiladas garras curvas. Las usaba para atrapar y sujetar a la presa, mientras arrancaba pedazos de carne con los dientes. Caminaba o corría erguido sobre sus robustas patas traseras, como una enorme ave, probablemente manteniendo erguida su larga y musculosa cola para mantener el equilibrio del cuerpo. Cada paso era tan largo que los expertos han determinado como la longitud de un coche o 4 metros. Cuando corría tras una presa, alcanzaba una velocidad máxima de unos 8 ó 10 kilómetros por hora, velocidad que un corredor de fondo apenas podría mantener. Cada una de sus patas posteriores acababa en un pie con cuatro dedos armado de poderosas garras, como las de las aves. Tenía tres apuntando hacia delante y una hacia atrás, todas lo bastante fuertes como para rasgar la dura piel o para hender el blando vientre de otro dinosaurio. Con su poderosa cola, podía dar furiosos golpes a cualquier otro osado depredador que se acercase para atacar a sus crías. Un ligero roce de esta cola, con más de 50 huesos, era suficiente para derribar al atacante, como si hubiera recibido el golpe de una maza. Un macho podía usar la cola para derribar a un rival en una pelea por una hembra durante el cortejo nupcial. Medía de 11 a 12 metros de longitud. Vivió hace 140 millones de años, al finales del período Jurásico, en Norteamérica, África, Australia y posiblemente China. Longitud: 12 metros. Encontrado en Norteamérica, África y Australia.

lunes, 9 de septiembre de 2013

DINOSAURIOS GRANDES CAZADORES

DINOSAURIOS GRANDES CAZADORES 
 
Los dinosaurios atacaban de distintas maneras según su tamaño. Los cazadores pequeños confiaban en la velocidad y en sus afilados dientes para atrapar y matar a su presa. Los carnívoros mayores utilizaban la fuerza bruta y garras afiladas. Algunos, incluso, acosaban a sus víctimas en manadas.
 
    Los herrerasaurios fueron unos de los primeros cazadores capaces de perseguir y matar a una pieza de caza mayor. También son unos de los dinosaurios más primitivos que se han descubierto hasta ahora. La mayoría altos como un hombre y armados con afilados dientes puntiagudos, tuvieron que ser unos enemigos extraordinariamente pavorosos. Tenían largas y ágiles patas traseras y podían perseguir a su presa y alcanzarla.
    Los pequeños cazadores, significa celurosaurios dependían de la velocidad para matar a una presa. El más veloz fue, probablemente, el Ornithomimus, que se alimentaba de lagartos e insectos. Podía perseguir a sus presas a la asombrosa velocidad de 80 kilómetros por hora, superior a la de un caballo o un galgo, los dos de carreras. Era presa de los grandes cazadores, y sólo su velocidad le permitía dejarlos atrás. Los compsognátidos, cuyo único representante era el Compsognathus, también eran dinosaurios de movimientos rápidos que atacaban a sus presas a gran velocidad.
    Los dientes son algunas de las mejores pistas para saber cómo ataca un animal. Los grandes felinos actuales matan clavando profundamente sus cuatro colmillos o caninos en la carne su presa. Pero los dinosaurios no tenían colmillos, excepto los herbívoros heterodontosáuridos. Los pequeños cazadores celofísidos asestaban unos de los mordiscos más letales. Sus dientes como puñales estaban adaptados para cortas la carne, no para clavarse en ella. Algunos reptiles modernos muerden de una manera similar. Los varanos de Komodo tienen dientes cortantes con los que pueden matar a una vaca e incluso a una persona.
    No todos los dinosaurios carnívoros eran cazadores. Los ovirraptorosaurios, que significa reptiles ladrones de huevos, necesitaban otras armas para conseguir su comida. En lugar de hileras de afilados dientes para desgarrar la carne, algunos no tenían dientes y otros tenían dos púas en el paladar. Con las púas o el duro pico, rompían los huevos que robaban a otros dinosaurios.
    Entre los tiranosáuridos, el Tyrannosaurus rex era el gigante de los dinosaurios carnívoros. Aunque demasiado corpulento para emprender persecuciones a grandes distancias, no solía tener dificultades para procurarse el alimento. Si encontraba a otro cazador que acababa de derribar a un animal, lo ahuyentaba y devoraba la presa. Los grandes cazadores actuales, como los leones, utilizan las mismas tácticas para obtener comida sin esfuerzo. Es posible que tuviera un arma secreta. Algunos expertos creen que este gigantesco cazador quizá matara a sus presas infectándolas. Consideran posible que entre los dientes conservara jirones de carne podrida, que infectarían las heridas causaba al morder a sus víctimas. La infección se extendía con rapidez y la presa no tarda en morir.
    El Tyrannosaurus rex y sus parientes cercanos eran unos mortíferos cazadores. Utilizando sus habilidades como rastreadores, se acercaban a su presa sin ser descubiertos y se lanzaban sobre ella a la carrera, desde poca distancia. Estos poderosos carnívoros embestían a su víctima con sus temibles fauces abiertas de par en par. El impacto de una carga era colosal.
    Uno de los cazadores más eficaces era el Deinonychus y muchos otros dromeosáuridos. Combinaban la velocidad y la agilidad con unas armas imponentes. La más letal era la garra del segundo dedo de las patas traseras, que actuaba como cuchillo en forma de media luna. Sujetaban a su víctima con las musculosas patas delanteras y la destripaban con una sola coz. Cuando atacaba, podían girar esta garra asesina 180º hasta encontrar el mejor ángulo de corte. Tal vez cazaran en manadas. Actuando de forma coordinada, podrían derribar a un dinosaurio mucho mayor. Hoy, una manada de leones se organiza para capturar sus presas de una manera muy parecida. Los grandes dinosaurios, quizá atacaban también en manadas y lograban derribar saurópodos enormes.
    Los dinosaurios herbívoros acorazados tendrían que defender su vida. Un fornido Euoplocephalus, provisto de porra en la cola, habría sido un enemigo peligroso. Un golpe bien dirigido de la pesada porra bastaría para derribar a un tiranosaurio. Un herbívoro con cuernos, como el Triceratops, también podía defenderse eficazmente. Quizá embestía a su atacante, como los rinocerontes modernos se defienden de un león. Sus largos cuernos curvos lo convertían en un adversario temible.

domingo, 8 de septiembre de 2013

LA EXTINCION DE LOS DINOSAURIOS

Durante años, los geólogos habían sugerido que tal vez los dinosaurios hubieran sido víctimas de choques de meteoritos, reflejos solares o supernovas (explosiones de estrellas), pero en general los paleontólogos los consideran especuladores ociosos. Sin embargo, en 1980, Luis Alvarez (un físico de Berkeley, California, ganador del Premio Nobel) y sus colegas publicaron un informe original que tuvo gran influencia en el desarrollo de la teoría catastrofista. Mencionaban niveles elevados de un metal escaso, el iridio (relacionado con el platino), en una capa delgada de arcilla correspondiente al límite entre el Cretácico y el Terciario, procedente de un yacimiento de Gubbio, Italia. Partiendo de esta observación, propusieron que la Tierra había sufrido el impacto de un asteroide de alrededor de diez kilómetros de diámetro, y que la fuerza del choque había desprendido nubes de polvo que se habían elevado hasta las capas superiores de la atmósfera, oscureciendo el sol, lo que provocó extinciones catastróficas a escala mundial.

    Muchos geólogos se burlaron al principio de esta noción, porque pensaban que se había urdido en una teoría de dramatismo innecesario, a partir de pruebas muy limitadas. No obstante, durante los cuatro años siguientes, se encontró arcilla con un incremento de iridio en más de cincuenta localidades de todo el mundo, en sedimentos que se habían depositado bajo el mar, en lagos en ríos. ¿Qué quería decir todo esto?
    El iridio no es un elemento natural de la corteza terrestre, sino que llega en los meteoritos y en otros residuos del espacio exterior. Sólo existe naturalmente en el núcleo de la Tierra, y llega a la corteza y la superficie por medio de cierto tipo de volcanes muy poco habituales. Por este motivo, Alvarez y su equipo postularon una fuente extraterrestre para el iridio que habían identificado, y una fuente muy abundante, capaz de producir los niveles de aumento detectados en el límite entre el Cretácico y el Terciario. Partiendo de una sola situación, previeron la existencia de iridio en todos los yacimientos donde se estudiara el límite entre estas dos eras; su predicción se confirmó ampliamente durante los años siguientes. Así ganaron a muchos científicos para su causa.
    En la actualidad existe otra prueba en favor del modelo catastrofista de la extinción que se produjo en este período. Determinados grupos fósiles, sobre todo el plancton marino, presentan extinciones repentinas en este límite. También se produjeron perturbaciones importantes, a corto plazo, en las plantas terrestres. Justo encima de la "huella de iridio", en numerosos cortes geológicos de roca aparece una "huella de helechos". Según las interpretaciones, esto demuestra la desaparición de las plantas angiospermas normales (flores y árboles), seguida por una difusión inicial de los helechos, y a continuación la recuperación de las angiospermas, algunos años después. Esto es exactamente lo que ocurre después de las grandes erupciones volcánicas, y se dice que la "huella de helechos" entre el Cretácico y el Terciario demuestra la existencia de un manto global de polvo estéril, tras el impacto del asteroide, y posteriormente la germinación gradual de las esporas y las semillas enterradas.
    Una prueba más del impacto consiste en la existencia de esférulas cristalinas ("canicas" diminutas) en relación con las arcillas ricas en iridio. Se supone que son consecuencia de la fundición de los materiales de impacto. Un tipo de prueba similar son los granos de "cuarzo golpeado", que presentan dos o más grupos de líneas paralelas que atraviesan los granos laminados cuando se los examina al microscopio; en apariencia, estos rasgos de tensión sólo se pueden producir por impacto.
    Los geólogos y los paleontólogos gradualistas afirman que muchas de estas características podrían haber sido causadas por erupciones volcánicas a gran escala. Señalan las capas gruesas de lava de una antigüedad aproximada a la adecuada, en la región de Decán, en India, como una fuente posible de las nubes de polvo, iridio, esférulas cristalinas y cuarzo golpeado en todo el mundo.
    El inconveniente principal del argumento del impacto es que no coincide con los hechos biológicos, de diversas maneras. En primer lugar, la vida no desapareció de forma instantánea en todo el mundo, por lo que sabemos. De hecho, la mayoría de los grupos vegetales y animales atravesaron el límite entre el Cretácico y el Terciario sin sufrir ningún cambio. En segundo lugar, la mayoría de los grupos que se extinguieron lo hicieron de forma gradual, a largo plazo.

 Los inicios de estas extinciones de ésta época se sitúan hasta treinta millones de años antes, para algunos grupos marinos, aunque sigue habiendo pruebas inequívocas e la decadencia de los dinosaurios. En tercer lugar, los "modelos a muerte" después del impacto no resultan aceptables, desde un punto de vista biológico y no coinciden con las pruebas. Se ha sugerido que el asteroide levantó una vasta nube de polvo que ocultó el Sol; o provocó el calentamiento excesivo de la Tierra cuando ingresó en la atmósfera; o la exposición que produjo el impacto liberó en la atmósfera arsénico u osmio venenosos; o el asteroide aterrizó en el mar y provocó una inmensa marejada (tsunamis) que recorrió el mundo, destruyendo toda la vida que se desarrollaba al nivel de la tierra, con sus frentes de olas de treinta metros. Algunos sedimentos próximos al límite entre el Cretácico y el Terciario presentan, sin duda, las huellas de los tsunamis, pero parece increíble que así hayan desaparecido los dinosaurios y los pterosaurios, y sin embargo hayan sobrevivido los lagartos, las tortugas, los cocodrilos y la mayoría de los mamíferos.